
Carving grab en la rotonda de lo que en su día fueron aquellas massacres de Arroyomolinos. Foto: San-T
Hoy voy a hablar de la velocidad. Claro está que lo que mola son los trucos (a mi, vamos) y que lo verdaderamente divertido del skate es ir encajando maniobras en uno u otro obstáculo haciendo subir el engorile a cada truco aterrizado. Pero hay momentos en los que el cuerpo o las circunstancia no dan para más y un trayecto entre un punto de partida y un destino, se convierten también en un momento de disfrute del skateboarding.
Con las piernas rígidas como las de una mesa obra de las inclemencias del tiempo, el karma de recién levantado y una moderada ración de prisa, recorro cada mañana la distancia que separa el hogar de la oficina. Un tiempo atrás era una bicicleta lo que me transportaba, pero desde el final de verano un artefacto de construcción propia, semejante en estructura a un monopatín estándar y diferente en funcionalidad, me desliza por la ciudad con la suavidad que solo aquellas ruedas blandas de las décadas pasadas pueden proporcionar. Este cacharro permite hacer ollies cohete, manuals interminables, sonoros derrapes, carvings frenéticos y alcanzar velocidades vertiginosas con poco esfuerzo. No tiene escrúpulos con turrroneros asfaltos o adoquines maltrechos e incómodos. Su reducido tamaño hace que no esté preparado para ejecutar trucos de vueltas o atacar bordillos, pero al fin y al cabo tampoco es esta su función. El brotherboard uno punto cero solo sirve para recorrer distancias de manera simple y hacer mas ameno y emocionante algo que sin él solo sería un bohemio pedaleo, un frenético paseo a pie o un monótono viaje en metro.
No niego que aún me siguen chirriando las imágenes de esos longboarders recorriendo la ciudad dándose pata con anti-estilo. Empezar a usar mi prototipo necesitó un proceso de adaptación mental previo. Algo de purista de barrio queda en mi corrupto interior y me costó sentirme cómodo usando un psudo-skate de los que es tan fácil echar pestes. Ahora soy un “grunge” con una parka de las de correr delante de los grises, unos pantalunis de marcar muslo y un patín de los que no hacen ruido ¿en que me ha convertido esta ciudad? Supongo que del mismo modo que he llegado a sentirme cómodo usando sombreros o americanas, algo parecido a eso que llaman madurez me ha convertido en capaz de no sentirme un capullo por ir haciendo carveos con el artilugio en cuestión. La verdad es que es muy divertido esquivar el tráfico y lo de darse una pata y que el patín tire millas no tiene precio. Esto está basado en la experiencia de venir al curro. Lo de salir e intentar encajar el retorno por cuestas abajo en una canción de 3 minutos y pico ya es mucho.
Ride fast. Enjoy (all the ways of) skateboarding.
Buen día. Paz.


Aún no hay comentarios
Aún no hay comentarios.
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
Deja un comentario
