Work never stop

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El trabajo nunca cesa, por que por trabajo se entiende (o al menos yo entiendo) todo aquello que supone un esfuerzo y trae consigo una remuneración (no necesariamente económica por supuesto). Sacar adelante un proyecto, o dos, o incluso tres, evitar el derrumbamiento de una relación de un tipo y cientos de otros tipos distintos, tener un cigarrillo en los labios y al menos cinco en el bolsillo, llenar la panza, caer ese jodido truco y entre una infinidad de cosas inumerables, llenar el ocio y castigar el higado. Todo el día y la noche sacando materia prima con el pico y recogiendo el botín con la pala. Este fin de semana ha sido largo y a base de driblar con la vida y el azar,  pesar de hacerlo con el bolsillo lleno de pelusas y cartas de las princesas Disney, me traje al lunes junto a las deudas un buen saco de experiencias que no contar a los nietos y un par que con el maquillaje apropiado, servirían como brindis el día de la boda de alguno. De entre deshoras, conciertos, cafés, caballerial flips, risas, llantos y aplausos, sale un caldo que ni el del cocido. El uno de mayo es el día del trabajador y ha dado pie a 3 días y cuatro noches que quedan en ahí por siempre y ni el más vil y astuto de los ladrones podrá quitarme. Planché, rompí cosas, invité, vi a Mujeres en concierto , fuí invitado, dormí solo, acompañado e incluso exiliado. Volví a juntarme con los que conocía y recordaba y me encontré en el camino con quien conocía y apenas recordaba. Lloré, vi llorar, aprendí canciones de otros e inventé una que aún no estaba inventada. Estube donde está todo el mundo y me acerqué un poco más a donde nadie a estado aún. Me aburrí entre desconocidos y el destino me envió a Pablo desde una pueblecito de Euskadi para sacarme del apuro. Maite cumplió años y Tino me regaló un regalo. Vicente no come animales y me financió una matanza de sepias cuando el primer sol nos pidió la última cerveza. Escuche el otro lado del mundo y zafé cuando este lado quiso darse la vuelta. Entré, salí, subí, bajé, cojí, dí, mendigué y así sumando palabras acentuadas en su última silaba y siendo consciente de estarme equivocando al decirlo, creo que estas cuatro noches con sus tres días hice de todo. O al menos así lo siento.

De entrañable vasco saque además de un buen rato y una nueva amistad, este vídeo que he sido incapaz de arrancar de su blog…

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